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Frank Maridueña: Mariano Rivera, otro Yankee inmortal


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-todanoticia.com- Como nunca antes, se corrió la voz de que algo inusual podría ocurrir en la elección de los nuevos miembros del Salón de la Fama del béisbol. Los 425 miembros de la respetable Asociación de Cronistas empezaron a comentar sobre los jugadores preferidos para este año. Entre la nómina saltaba un nombre en todas las papeletas. Era un candidato elegible por primera vez, luego de los cinco años de espera después del retiro como dice el reglamento.

No era jonroneros ni un seguro fildeador. Tampoco un lanzador estelar. Se trataba de un pitcher que se encargaba de cerrar y asegurar los juegos cuando el marcador estaba muy corto y que solo aparece cuando se puede complicar el duelo y se necesita preservar una mínima ventaja en la pizarra.

Se llaman cerradores. Es la tarea para una clase especial de jugadores. No son abridores que en el mejor de los casos duran cuatro o cinco episodios. No son los llamados relevos que se clasifican en cortos y largos. No son los “preparadores de juegos” que por lo general ingresan en la antesala del final. Su función es cuando llega el último turno y el juego está empatado o tiene ventaja de una sola carrera y el rival intenta cambiar la historia del juego. En otras palabras, es cuando el “rancho está ardiendo”. Son jugadores con un temple de acero e imperturbable que no pueden darse el lujo de permitir que ningún bateador rival le llegue a las bases. Lo tienen que dominar y retirar de cualquiera de las formas.

El martes 22 de enero, Jeff Idelson, presidente del Salón y Museo de la Fama, anunció los resultados de la votación y eligieron de manera unánime al lanzador Mariano Rivera, además al bateador designado Édgar Martínez, los lanzadores estadounidenses Roy Halladay y Mike Mussina.

Es la primera vez que un jugador es elegido con el 100% de los votos desde 1936. Debe haber muchas razones para tan alta distinción. Fueron 652 juegos salvados, 13 veces convocados al Juego de Estrellas, conquistó cinco series mundiales, siete campeonatos de la liga americana y 13 series divisionales. Jugador Más Valioso de la Serie Mundial 1999 y de las Estrellas el 2013.

Sumó 42 juegos salvados en la postemporada y 11 en Series Mundiales y es parte de los “Cuatro Fantásticos”, que lo integraban Derek Jeter, Andy Petitte, Jorge Posada.

Todo empezó en un pequeño pueblo pesquero cerca de la capital del Panamá llamado Puerto Caimito, donde su padre era un humilde pescador. Jugó fútbol y también béisbol. Fue en un torneo juvenil cuando fue reclutado por el scout Herb Raybourn.

Cuando le tocó viajar a su primer campo de entrenamiento, nunca antes se había montado en un avión, no hablaba inglés. Fue trasladado de la posición de campo corto a lanzador. En sus inicios fue abridor, pero luego pasó a ser cerrador. Nunca había oído de Babe Ruth ni sabía nada de Tampa, donde estaba ubicado el campo de entrenamiento de los Yankees, para empezar una historia llena de éxitos. Cuando ya había tomado la decisión del retiro, en cada estadio que visitó por última vez fue ovacionado por la afición de los equipos rivales, cosa muy rara en estos tiempos. Mariano respondía con una sonrisa.

Compraba pizza para invitar a los trabajadores de los estadios y conversaba amablemente con ellos. Eso solo lo hace un ser especial. Nunca se escuchó ningún problema ni conflictos dentro ni fuera de los diamantes.

Se han escrito varios libros en los que reseñan parte de su vida: Mariano Rivera, escrito por Mike Yorkey; El cerrador. Mi vida, de Wayne Coffey, uno de los más connotados periodistas deportivos que en su prólogo dice: “Lanzador de relevo más exitoso de todos los tiempos comparte su extraordinaria historia de supervivencia, amor y béisbol. Mariano Rivera, el hombre que intimidó a miles de bateadores con tan solo abrir la puerta del bullpen, comenzó su increíble viaje como el hijo de un pobre pescador panameño”.

“Con sorprendente candor, Rivera relata la historia de los campeonatos, los jefes (incluyendo el Jefe, George Steinbrenner, ​​propietario de los Yankees, personaje controvertido), las rivalidades y las luchas de ser pelotero latino en los Estados Unidos, y cómo conservar los valores cristianos dentro del béisbol profesional. “El trece veces convocado al Juego de Estrellas habla de su impulso por ganar; los secretos detrás de su legendaria compostura; la historia de cómo descubrió su recta cortada; lo nunca antes contado sobre el lanzamiento de la novena entrada del séptimo juego de la Serie Mundial del 2001; y por qué el momento más bajo de su carrera se convirtió en una de sus más grandes bendiciones.

Cuando Rivera se retiró, todo el mundo lo vio y aplaudió. Una leyenda construida desde cero.

Aparte de sus estadísticas que hacían prever que tendría algunas posibilidades firmes de estar en la papeletas como nominado, lo adornan otras cualidades como disciplina, profesionalismo, clase, sencillez y, por sobre todo, su humildad. Su vida es un ejemplo vivo de lo humano que roza con lo divino. “Lo mejor que me ha pasado en mi vida fue ponerme cada día el uniforme de los Yankees durante 19 años”. Ahora que ya fue elegido para estar en el Salón de la Fama, tal como Babe Ruth, Lou Gherig, Joe DiMaggio, Mickey Mantle, Reggie Jackson, bien se puede decir que Mariano Rivera ya es inmortal.