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Francisco se reunió con el Consejo Supremo de los budistas en Myanmar


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-todanoticia.com- El papa se reunió con el Consejo Supremo de la Sangha, el órgano formado por los máximos líderes del budismo birmano, a quienes urgió a trabajar "por la paz, el respeto de la dignidad humana y la justicia para todos".

Con el telón de fondo de la brutal persecución que sufre en el país la minoría musulmana de los ronhinyás, también duramente atacados por ser considerados terroristas por una rama extremista de los budistas, el discurso de Francisco se esperaba con atención.

En su tercera jornada en Myanmar, el pontífice se descalzó, como exigen las normas budistas, para encontrarse con los líderes religiosos en el centro Kaba Aye, un lugar simbólico en un país donde el budismo es "religión de Estado".

Después de reunirse con el Jefe del Ejercito y con la consejera de Estado, Aung San Suu Kyi, Francisco encontró a la tercera fuerza más influyente en el país, representada en este órgano formado por 47 monjes que se sentaron delante del Papa a oír su mensaje.

Francisco, al igual que ayer, no pronunció el término rohinyá, como le han aconsejado desde la Iglesia local para evitar reacciones violentas, pero invitó a los budistas a valerse de su sabiduría para curar las heridas causadas por los conflictos que han divido al país.

Jorge Bergoglio explicó que el acto de hoy era importante "para renovar y reforzar los lazos de amistad y de respeto que unen a los budistas y a los católicos" y "una oportunidad para reafirmar nuestro compromiso por la paz, el respeto de la dignidad humana y la justicia para todos los hombres y mujeres".

Destacó como no solo en la actual Myanmar, sino también en todo el mundo, "las personas necesitan que los líderes religiosos den este testimonio común" sobre todo en un momento "particularmente grave para el mundo".

"Frente a estos desafíos, jamás debemos resignarnos", exclamó.

Pero recordó que "si debemos estar unidos, como es nuestro propósito, es necesario superar todas las formas de incomprensión, de intolerancia, de prejuicio y de odio".

Indicó que estos esfuerzos no son solo prerrogativas de los líderes religiosos ni competencia exclusiva del Estado, sino que debe colaborar "la sociedad en su conjunto".

Pero "los líderes civiles y religiosos tienen la responsabilidad de garantizar que cada voz sea escuchada, de forma que se puedan comprender con claridad y confrontar en un espíritu de imparcialidad y de recíproca solidaridad los desafíos y las necesidades del momento presente".

Francisco tendió la mano de la Iglesia católica para ayudar cuando sea necesario y concluyó con una llamamiento a trabajar "hombro con hombro por el bien de cada uno de los habitantes de esta tierra".

Al igual que el papa, el líder de los monjes de la Shanga, Bhaddanta Kumarabhivamsa, invitó a trabajar, pero sin interferir en los asuntos de las otras religiones, y a cooperar para construir puentes de paz en el mundo".

Afirmó que "es deplorable ver el terrorismo y los extremismos en nombre de los credos religiosos, ya que todas las doctrinas enseñan solo el bien de la Humanidad".

El líder budista destacó que es responsabilidad de los líderes religiosos transmitir enseñanzas genuinas de la religión para que no se caiga en malas interpretaciones.

También invitó a denunciar cualquier forma de expresión que incita al odio, a las falsas propagandas, a los conflictos y a las guerras con pretextos religiosos.

Y recordó que "el principio fundamental de cada religión es la bondad y que compartiendo entre familias y ciudadanos y estados la bondad se puede convivir de manera pacífica".

El papa Francisco se reunió hoy en Yangón con los obispos del país y agradeció a la comunidad católica local su compromiso con los más pobres y los desplazados que existen en el país.

El pontífice había comenzado su tercera jornada de viaje en Birmania celebrando una misa ante 150.000 católicos, según las autoridades birmanas, llegados a Rangún desde todos los rincones del país y también de los cercanos Tailandia y Filipinas.

Después en la reunión en el arzobispado de Yangón, el papa propuso a los obispos tres palabras para que la Iglesia en Myanmar se inspirase.

La primera fue "la sanación", que "aquí en Myanmar, este mensaje tiene un eco particular, puesto que el país está trabajando para superar divisiones profundamente enraizadas y para construir la unidad nacional", observó.

"La comunidad católica en Myanmar puede estar orgullosa de su testimonio profético de amor a Dios y al prójimo, que se expresa en el compromiso con los pobres, con los que están privados de derechos y sobre todo, en este tiempo, con tantos desplazados que, por así decirlo, yacen heridos a los bordes del camino", agregó.

Os pido, agregó el Pontífice, "que trasmitáis mi agradecimiento a todos los que, como el Buen Samaritano, trabajan con generosidad para llevar el bálsamo de la curación a quienes lo necesitan, sin tener en cuenta la religión ni la etnia".

A la Iglesia local también la pidió esfuerzos continuos "en la construcción de puentes de diálogo y en la unión con los seguidores de otras religiones, a fin de tejer una red de relaciones pacíficas, produzcan frutos abundantes para la reconciliación de la vida del País".

La segunda palabra que propuso el papa fue "acompañamiento" e invitó a los obispos a salir a "realizar visitas pastorales regulares a las parroquias y las comunidades que forman vuestras Iglesias locales" y a inculcar la capacidad de ser misioneros.

También pidió "un esfuerzo especial para acompañar a los jóvenes" y enseñarles "sanos principios morales, que los guíen para afrontar los desafíos de un mundo que cambia rápidamente".

La tercera palabra que propuso el papa fue "profecía" e indicó que "la Iglesia de Myanmar testimonia cotidianamente el Evangelio gracias a sus obras educativas y caritativas, su defensa de los derechos humanos, su respaldo a los principios democráticos".

"Poned a la comunidad católica en condiciones de seguir teniendo un papel constructivo en la vida de la sociedad, haciendo escuchar vuestra voz en cuestiones de interés nacional, insistiendo particularmente en el respeto de la dignidad y los derechos de todos, especialmente de los más pobres y vulnerables", abogó.