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Venezuela en las oraciones del papa Francisco en su último día en Colombia


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-todanoticia.com- El papa Francisco pidió el domingo (10/09) una solución a la "grave crisis en Venezuela" en la última jornada de su visita a Colombia, que dedicó a los pobres y los migrantes desde Cartagena de Indias, una ciudad tan turística como castigada por la desigual social.

Francisco rezó el tradicional Ángelus en la Iglesia de San Pedro Claver, un jesuita defensor de los esclavos en el siglo XVII, y después dirigió un mensaje "especial" a la "vecina y amada" Venezuela.

"Hago un llamamiento para que se rechace todo tipo de violencia en la vida política y se encuentre una solución a la grave crisis que se está viviendo y afecta a todos, especialmente a los más pobres y desfavorecidos", afirmó.

El papa argentino Jorge Mario Bergoglio hizo la alusión más directa de los últimos días sobre el deterioro de la situación política y económica en Venezuela, donde rige una Asamblea Nacional Constituyente de plenos poderes que defiende el gobierno de Nicolás Maduro y desconoce tanto la oposición como una docena de gobiernos, entre ellos el de Estados Unidos.

El obispo de Roma, que ha apoyado los intentos infructuosos de diálogo entre las partes, mencionó a los venezolanos que han encontrado "acogida" en Colombia y pidió "trabajar por la dignidad" en general de los "pobres, los descartados de la sociedad, abandonados y emigrantes", que sufren la "violencia y la trata".

Francisco concluye este domingo en Cartagena una visita de cinco días en la que ha apoyado la paz y la reconciliación de un país que intenta extinguir el último enfrentamiento armado de América, tras el acuerdo que permitió el desarme y la transformación en partido político de la guerrilla comunista FARC.

Sin embargo, el pontífice argentino quiso dedicar su última jornada para entrar en contacto con los negros y pobres de Cartagena, la joya turística y una de las ciudades más desiguales socialmente de un país que está entre los primeros de América Latina más afectados por ese fenómeno, después de Honduras.

Francisco visitó por corto tiempo San Francisco, un suburbio pegado a la pista del aeropuerto internacional, con desordenadas calles y casas precarias, y bendijo la primera piedra de un hogar de acogida.

Este es un "barrio de olvidados. Aquí hay mucha gente de los de 'un solo tren', que comen una vez al día", dijo Willy Martínez, un albañil de 43 años.

Pero lo más grave aquí, agregó, "es la corrupción, es peor que las balas de la guerrilla y los paramilitares". El alcalde y otras autoridades del puerto están presos por manejo irregular de fondos públicos, y casi un tercio del millón de sus habitantes viven en la pobreza o en la calle, según la organización privada Cartagena Cómo Vamos.

La visita del Papa "ha sido un reconocimiento a esta parte tan vulnerable de la ciudad, un aviso a los políticos para decirles que esta desigualdad tan grande no es buena para nadie", afirma Carlos Acevedo, un aprendiz de informática de 23 años, mientras se seca las lágrimas.

El líder religioso de 80 años saludaba a los cientos de personas cuando, por la multitud que se agolpaba en las calles, el papámovil frenó súbitamente.

Francisco se golpeó contra el vidrio, y uno de los agentes de seguridad lo asistió al momento y le limpió con un pañuelo blanco el sudor y la sangre, que le alcanzó a manchar el simar (capa de la túnica blanca).

"Me dieron una piñada (puñetazo)", bromeó el papa al ser interrogado por periodistas.

"El papa está bien... Se le aplicó hielo y se medicó. Prosigue sin cambio alguno su programa de viaje", dijo a medios el vocero del Vaticano, Greg Burke.

Francisco oficiará una misa multitudinaria al aire libre y, tras despedirse en el aeropuerto, regresará al Vaticano.

"El papa se va a concentrar en la necesidad de superar las desigualdades sociales. Puede que le dé un toque a los políticos, que no están pensando en las necesidades de la gente", explicó Camilo Chaparro, experto en el Vaticano.

El papa "da por hecha la firma de la paz, y en esta visita nos ha pedido a los colombianos la firma de la reconciliación", opina Chaparro.

A san Pedro Claver Francisco dedicó su discurso antes del rezo del Ángelus dominical desde la plaza que lleva el nombre del santo.

Sobre el santo nacido en Verdú, en Lleida, en Cataluña (España), explicó que el jesuita se hizo llamar "esclavo de los negros para siempre" y que esperaba las naves que llegaban desde África al principal mercado de esclavos del Nuevo Mundo.

"Muchas veces los atendía solamente con gestos evangelizadores, por la imposibilidad de comunicarse, por la diversidad de los idiomas. Sin embargo, Pedro Claver sabía que el lenguaje de la caridad y de la misericordia era comprendido por todos", explicó.

"Incluso cuando repugnaban, porque pobrecitos venían en un estado terrible, él les besaba las llagas", agregó.

Recordó que murió solo, que fue criticado por los esclavistas y que enfermó y murió en un estado de total abandono.

Pero su ejemplo sirvió para recordar que "todavía hoy, en Colombia y en el mundo, millones de personas son vendidas como esclavos, o bien mendigan un poco de humanidad, un momento de ternura, se hacen a la mar o emprenden el camino porque lo han perdido todo, empezando por su dignidad y por sus propios derechos".

Y entonces llamó a "trabajar por la dignidad de todos nuestros hermanos, en especial por los pobres y descartados de la sociedad, por aquellos que son abandonados, por los emigrantes, por los que sufren la violencia y la trata".

El santo de los Derechos Humanos nació en 1580 y a sus 19 años, tras graduarse en la Universidad de Barcelona, decidió entrar a la Comunidad de los Jesuitas en Tarragona y hacerse misionero.

Se embarcó en 1610 hacia el Nuevo Reino de Granada, vivió en Santa Fe de Bogotá y Tunja y luego llegó a Cartagena donde es ordenado sacerdote el 20 de marzo de 1616.

Allí conoció la injusticia de la esclavitud, ya que por entonces Cartagena, era un lugar estratégico de las flotas españolas para hacer llegar a esclavos africanos y dedicó su vida a socorrerles y ayudarles.

Falleció el 9 de septiembre de 1654 y fue canonizado el 15 de enero de 1888 por el papa León XIII.