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Consideraciones sobre el cardenal Richelieu


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-todanoticia.com- “Que todo el mundo vea que no es suficiente saber que hay actos de maldad, si uno no tiene la voluntad de remediarlos”. Cardenal-Duc Richelieu. Mémoires.

Hay pocos personajes históricos tan controversiales como Armand Jean du Plessis (1585 - 1642), Cardenal-Duc de Richelieu, Abad de Cluny y Ministro del Estado de Luis XIII, monarca de Francia durante el siglo XVII.

Muchos historiadores denominan al cardenal Richelieu “la eminencia roja” (por el color rojo del hábito de los cardenales de la Iglesia Católica), quien vivió durante un período de las Guerras de Religión (1516-1680) entre los protestantes franceses (hugonotes) y el estado católico de Francia, guerras que se originaron en Francia después del asesinato del rey Enrique IV de Navarra, Huguenot, quien se convirtió al catolicismo para entrar a la ciudad de París y, así, poder ser rey de Francia. Enrique IV, como recordarán, se convirtió al catolicismo por este motivo, diciendo “París bien vale una misa”, (“Paris vaut bien une messe”) y se casó con María de Medici, reina de Francia.

Durante el período en que el Cardenal consolidó su poder en el estado, y después del asesinato del rey Enrique, su hijo, el próximo rey, Luis XIII, era un varón menor de edad, pues, tenía solamente 9 años. Así, María de Medici asumió el papel de la Reina Madre, Regente, y sirvió como monarca. En este escenario, de tormentas políticas y religiosas, entra el cardenal Richelieu de quien vamos a ocuparnos un momento.

Aunque en el siglo XIX, el novelista francés, Alejandro Dumas, el reconocido autor de Los Tres Mosqueteros, ennegrecía a Richelieu como un seguidor de Maquiavelo y conspirador malvado, evidencia reciente ha salido a la luz que nos obliga a corregir este juicio tan predominante en la opinión pública y académica, igual como en las enseñanzas universitarias y publicaciones durante los últimos dos siglos. Ha recibido lo que se llama en inglés, “bad press” (malas opiniones subjetivas en la prensa publicada) exactamente por ser un estadista fuerte y exitoso, además de una figura eclesial de la Contra-Reforma Católica y la implementación de las decisiones del Concilio de Trento en Francia, después de la Reforma Protestante.

Tal vez la visión religiosa tiene algo que ver aquí, pero el cardenal Richelieu era (y es) criticado por comportamientos y estrategias que eran consideradas normales en sus tiempos. Por ejemplo, el brillante jurista, Jean Bodin (1530-1596), contemporáneo del Cardenal, y pensador incomparable, estudiado hoy en las Facultades de Derecho del mundo, tenía opiniones jurídicas por las que nadie lo crítica, al haber castigado a las mujeres por lo que todo el mundo en la Europa del siglo XVII creía que era brujería. Sería impensable que un Jean Bodin, viviendo y trabajando en el ambiente de hace 400 años, no creyera en brujas. Aunque controversial, esta evaluación es una manera de quitarse las gafas del siglo XXI y colocar en su lugar los anteojos del siglo XVII para entender el ambiente. Eso no implica perdonar la falta de ética (con la mirada del siglo XXI) en el comportamiento en el siglo XVII.

Aquí no hay intención alguna de presentar un cuadro completo de la vida y obras del Cardenal. Pero vale la pena revisar algunos de sus logros, para balancear las presentaciones poco objetivas sobre el Cardenal. Así como el Paraíso no es una democracia donde cualquiera puede entrar, sino una monarquía absoluta, las estrategias de la razón de estado del Cardenal son producto de otros tiempos-tiempos de las Guerras Religiosas, de disturbios, insurrecciones y rebeliones y masacres como la del Día de San Bartolomé y el Asedio de La Rochelle, igual como las turbulentas décadas en los albores de la Guerra de los Treinta Años, una guerra religiosa que incendió toda Europa.

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En este contexto, la necesidad de un Secretario de Estado era imprescindible para alcanzar la consolidación del estado francés, en que el Rey era el lugarteniente absoluto de Dios en la tierra, quien tenía el deber de defender la fe Católica y extirpar a la herejía (léase, protestantes franceses conocidos como hugonotes).

El cardenal Richelieu protegía a la Iglesia de las injerencias de la corte laica, igual como implementaba el Edicto de Nantes (1598-1695), que daba libertad de culto de los hugonotes, creando así casi un estado protestante dentro del estado católico francés. En simultáneo, el Cardenal conformaba alianzas secretas con príncipes protestantes de Europa para proteger a Francia y garantizar que el gobierno de Francia no colapsara en una época en la que cinco reyes franceses habían muerto por violencia y la necesidad de un ministro principal del estado era obvia y necesaria. Es que cuando las estructuras de gobierno de turno son incapaces de gobernar, una responsabilidad superior está en la obligación de asumir las funciones.

En una estrategia que tiene resonancias con la situación de Magna Carta (Inglaterra, 1215), el cardenal Richelieu logró restringir el poder de los aristócratas como el factor que obstaculizaba la creación de un estado fuerte y centralizado. El cardenal Richelieu organizó programas pastorales y administrativos alrededor de los edictos de la reforma emanados del Concilio de Trento y la Contra-Reforma Católica. Para tomar un solo ejemplo, encomendó la creación de seminarios para formar mejores sacerdotes, más educados. En esta modalidad de pensamiento, junto con la intensa agitación de la práctica de la ciencia y tecnología en el siglo XVII, Richelieu extendía la idea de un estado como “mecanismo” en el cual, por medio de entender las estructuras y propiedades de la materia del estado, se podía manipular como en un enorme laboratorio para ejercer control y lograr la rectificación del estado.

En todo eso, aun así, el cardenal Richelieu nunca sucumbió al Galicanismo, la creencia y práctica de una especie de excepcionalismo francés que planteaba una posición política en que la Francia era exenta de los edictos del Papa en Roma.

A la misma vez, el Cardenal creía firmemente (y eso sabemos de sus Mémoires) que la política de los príncipes y la ética existieron como esferas separadas, la última no teniendo ninguna aplicación a la anterior. En todo eso, el Cardenal tenía enemigos peligrosos y tenía que utilizar escritores populares para que hicieran campaña a su favor. En su ejercicio de la política del poder, la razón del estado, y en su ejercicio de una impecable diplomacia, logró, como estadista exquisito, asegurar al rey Luis XIII como aliado contra su propia madre, María de Medicis.

Antes de ser el cardenal Richelieu, Armand-Jean du Plessis había estudiado filosofía en la Sorbona y se había entrenado para una carrera militar. Antes de morir, a la edad de 56 años, Richelieu había sido nombrado, en 1626, Grand Maître et surentendant général du Commerce (Secretario del Estado y de Comercio). Además de fundar la Académie Francais, fungió como anfitrión de la educación, las artes literarias y visuales en su apoyo al dramaturgo Pierre Corneille; a los pintores Leonardo da Vinci, Nicolás Poussin, Pedro Pablo Rubens: y al famoso escultor de la Contra Reforma Católica, Gian Lorenzo Bernini. La famosa Compañía I Gelosi de la Commedia dell'Arte (teatro profesional de lo que se denominaba en Francia, la comedia italiana) que influenció tanto a Molière, recibió invitaciones y apoyo de la Reina Madre María de Medici.

Un comentador canadiense (de donde Richelieu consolidó el control francés de Canadá en Quebec en Nueva Francia) comentó lo siguiente:

“Richelieu era el padre del estado-nación moderna, con el poder centralizado y el servicio secreto moderno”.

John Ralston Saul, historiador y filósofo canadiense del siglo XXI.

Adicional a eso, podemos presentar las opiniones del famoso historiador y profesor emérito de las universidades de Oxford y Cambridge, J.H. Eliot, cuando nos presenta al cardenal Richelieu con la siguiente evaluación.

“Richelieu era un estadista que proponía “ideas de una nación-estado fuerte y una política extranjera agresiva, el sistema más moderno de la política internacional”.

J.H. Eliot, Richelieu y Olivares (Cambridge, 1990).

Estos son algunas apreciaciones y evaluaciones de un estadista del siglo XVII, un estadista que sentó las bases de una monarquía absoluta como es el reino de los cielos. Pero hoy, estas son ideas desfasadas y debemos de estar claros de que en el siglo XXI, la separación del estado y la Iglesia se ha interpuesto en la construcción y el funcionamiento de los gobiernos. Eso ya durante siglos, y el estado ahora no es como en los tiempos de Richelieu: es, de hecho, completamente laico y no debe sufrir la injerencia-mucho menos el control-de la Iglesia, pues ya no estamos en el siglo XVII.

La gestión de Richelieu señala el nivel más alto al que llegó la marea de la Iglesia en su participación en el estado. Han pasado más de 400 años de desarrollo del concepto y realidad del estado político. Y, aunque las estructuras del gobierno de un estado, nación o república sufren debilidades y fragilidades, la Iglesia es la estructura que tiene a su cargo el cuido espiritual de las almas de los ciudadanos. El capítulo de Richelieu fue la antesala para los movimientos de la separación de la Iglesia del estado, es decir, la antesala del siglo de la Ilustración y de la Revolución Francesa.